(Adaptación e interpretación libre)
Eros: la atracción, el deseo sexual, la fertilidad; el Dios primordial responsable de la magia del amor. El Quinto Elemento. Esa esencia misteriosa que coordina los elementos y permite la perpetuidad de la vida.
Psique: la mente, el alma, la esencia humana. La razón aprisionada por el contexto y un entorno incomprensible. Siempre curiosa, siempre creciendo, aumentando su belleza en cada uno de sus errores.
Afrodita, diosa de lo bello, sintió terribles celos por la -humanamente- insignificante Psique, quien por su belleza, recibía adoraciones como si fuera ella misma. Sin dudarlo, envió a su hijo Eros a que -con una de sus flechas- la hechizara para condenarla a casarse con el hombre más feo y ruin de todo el reino. Tremenda sorpresa debió llevarse la diosa cuando el Eros se enamoró de la belleza de la Psique. Él decidió, en lugar de cumplir con el mandato de su madre, llevársela a vivir con él a su castillo.
La relación entre un Dios y una humana necesitaba condiciones especiales: por su propio bien, Psique no podía ver cómo era en realidad Eros (No lo entendería). Por eso, a pesar de que se amaban todos los días, lo tenían que hacer en la oscuridad o con una venda en los ojos de ella. La mente, siempre curiosa, quiso captar con su sentido más común al amor; Psique ideó un plan para poder ver a Eros: una vez dormido, ella se acercaría con una lámpara de aceite para contemplarle… La belleza del Dios fue tal, que dejó estupefacta a la persona, quien -envuelta en un halo de divinidad- olvidó que tenía un objeto incandescente en la mano y dejó caer una gota de aceite hirviendo en el cuerpo desnudo de Eros. El amor divino, molestó y decepcionado por la intriga, abandonó a la mente humana y le dejó a su suerte.
Una vez que Psique conoció a Eros, ya la vida no tenía sentido si no era para regresar con él. Es por eso que después de vagar desolada y procesar lo que había ocurrido, decidió ir a ver a Afrodita para pedirle ayuda. La que alguna vez le celó, le mostró compasión y le dio esperanzas aunque a un muy alto costo. Para recuperar el amor de Eros, Psique tendría que pasar por cuatro pruebas que ningún humano había podido lograr antes.
La primera prueba consistía en construir una enorme pila de semillas tal que cada una quede en su lugar apropiado. La mente, desesperada por no tener una respuesta lógica al problema, irrumpió en llanto desconsolado. Las lágrimas atrajeron un grupo de hormigas, gracias a las cuales Psique ideó un plan para atraer, transportar, acomodar y presentar las semillas. Así, ella descubrió una importante lección: hay que dejar que la alquimia del amor, la magia de Eros, sea la guía para clasificar y ordenar -ya no semillas sino- sentimientos, emociones, prioridades y objetivos. La mente, también aprendió a confiar en la intuición (que es este sentir que se tiene de vez en cuando, de que lo que viene, será lo correcto, sin alguna razón aparente o lógica) y hacer equipo con ella.
Superada la prueba, Afrodita le dio el segundo reto: traer algunos vellos dorados de los carneros del sol, que viven cerca del río y que viven dándose cornadas y topes para disputarse el dominio de la manada. Otra prueba que hubiera sido imposible, si no es porque el dios Helio (del sol) hizo descender sus rayos y al empezar el atardecer hizo notar que los arbustos aledaños estaban llenos de los cabellos de estas bestias. Al anochecer, Psique pudo recoger los largos y bellos vellos de las mascotas del color del oro. La mente entendió que pudo más la astucia que la confrontación, la negociación que la competencia y la inteligencia que la fuerza. En cuanto al tiempo -sin importarle que sólo tuviera un día- Psique uso el mejor momento aunque fuera el último. Hay un momento correcto (óptimo) para cada cosa. Hay que saber cuando actuar pronto y cuando dejar que las cosas se acomoden solas.
Afrodita, sorprendida por la perseverancia de Psique, le puso un nuevo reto, confiando en que le sería imposible: llenar un recipiente de cristal con agua de los ríos del infierno. Usando su intuición y esperando el momento correcto, Psique se dio cuenta de que la única forma de realizar esta tarea –en lugar de bajar al infierno– era escalando una montaña desde la cual cae la cascada de agua que da caudal a los ríos del infierno. Sin embargo, al llegar a esta montaña, se dio cuenta de la existencia de dragones que cuidaban la cima y una escarpada subida en la que sería imposible mantener en una pieza el frasco de vidrio. La mente, se concentró en su objetivo y deseo con toda su capacidad encontrar una solución… De pronto, el mismo Zeus apareció convertido en águila y de un rápido movimiento le quitó el frasco a Psique. A pesar de que eso pudo haber parecido el fracaso de la tarea, la mente no perdió la esperanza. Tras unos cuantos minutos, el águila divina regresó, con el frasco lleno del agua deseada.
La nueva experiencia, enseñó a la razón humana que es más fácil alcanzar imposibles cuando se sabe claramente qué es lo que se quiere. Una vez ahí, el destino siempre estará de tu lado. Cuando algo sinceramente se desea, no hay frustración y dolor por no tenerlo, sino confianza en que en algún momento se le tendrá -de nuevo. Y una vez que se tiene, no es que no se quiera nada más, sino que no se busca un sustituto. La Psique no quería algo de Eros, quería a Eros en sí y por sí.
La diosa de lo bello, tenía una última prueba para la -ahora parecía- implacable mente humana: descender a los infiernos y recoger de Perséfone el ungüento de la belleza. Fue en la torre de lo que era su castillo, que Psique descubrió cómo llegar al infierno sin tener que suicidarse: llevando 2 monedas en la boca para el barquero que la llevaría de ida y de regreso; un pan en cada mano, para alimentar dos veces al perro de 3 cabezas de la entrada; no ayudar al hombre cojo con la leña caída, no salvar al ahogado, no aceptar ayuda de los muertos para bajar de la embarcación y, al conseguir el ungüento, inmediatamente regresar y -¡bajo ninguna circunstancia!- abrir el frasco. Todo esto hizo reflexionar a la mente sobre las lecciones que debía aprender en esta prueba: hay que fijar prioridades, no distraerse incluso cuando la generosidad esté de por medio; al final, las metas individuales deben ir siempre antes que cualquier otra cosa: el crecimiento individual no debe detenerse jamás para poder ofrecer algo a la pareja y alcanzar un equilibrio.
Psique hizo todo lo que la torre le recomendó pero, humana al fin, antes de subir de regreso a la barca, la curiosidad le ganó y abrió el bote del ungüento. Desmayó al ver que estaba vacío: el ungüento de la belleza no existe. (La belleza, ¿y quien si no Afrodita para saberlo?, se logra con lo vivido, lo sufrido y lo que se experimenta) Es comúnmente sabido que quien duerme en el infierno entra en un letargo del cual no hay vuelta atrás, un sueño profundo que precede a la muerte…
Eros, quien supo de todo lo que había hecho Psique por recuperarlo, apresuró el paso y voló hasta el reino de Ades para rescatar a su Amor. Uso la punta de una de sus flechas para despertar a Psique y la llevó hasta Afrodita para que le entregara el ungüento. La diosa de lo bello reconoció el esfuerzo de la humana y le confesó que ya había aprendido lo suficiente como para vivir con ellos en el Olimpo. Zeus, quien también lo sabía, transformó a Psique en una diosa y aprobó el casamiento…
Y para los curiosos, sí, Eros y Psique vivieron felices para siempre. De hecho, hasta tuvieron una hija: se llama Hedoné, el placer.

Y así fue como la mente pudo ver al amor, pero no con los ojos, sino con todo lo que vivió, sufrió y aprendió. Y así es como el Amor se alcanza, aún en nuestros días.